Inversiones sostenibles Descarbonizar la economía: el impacto ambiental de lo que comemos

Descarbonizar la economía: el impacto ambiental de lo que comemos

Una de las fuentes importantes y posiblemente inesperadas de gases de efecto invernadero (GEI) generados por el hombre es la agricultura y la producción de alimentos. El sistema alimentario mundial es responsable de al menos el 25 % de las emisiones de GEI, según el Panel Intergubernamental del Cambio Climático. Con el aumento de la riqueza en todo el planeta, junto con una población en crecimiento, que según las Naciones Unidas alcanzará los 9,800 millones en 2050 y los 11,200 millones en 2100, es seguro que la demanda de alimentos aumentará.

Con el objetivo de reducir el CO2 y las emisiones de metano más potentes, los sectores responsables de la mayor parte de las emisiones buscan prácticas menos intensivas en GEI. Algunas de las soluciones más prometedoras provienen de la innovación.

Cambiar la forma en que cultivamos

Las técnicas de cultivo creativas y no tradicionales, como la estratificación vertical de cultivos, son prometedoras. La agricultura vertical, que se puede combinar con la agricultura de ambiente controlado (AAC) para garantizar condiciones ideales de cultivo, busca reducir el uso de la tierra y aumentar la eficiencia de los cultivos individuales. Aunque la agricultura vertical requiere más electricidad que un invernadero tradicional, la AAC puede optimizar el uso del agua y de la energía y disminuir el uso de la tierra y los costos laborales.

Las tecnologías de edición genética también pueden aumentar el tamaño de las plantas y hacerlas más resistentes a las enfermedades y la sequía. El resultado es una mayor eficiencia económica y ambiental, ya que se necesita menos tierra y maquinaria para sembrar, cultivar y cosechar. Y a medida que la agricultura mejora el uso de la tierra, también se puede reforestar.

Cambiar la forma en que consumimos

Las tendencias en las preferencias del consumidor también impulsan cambios. Por un lado, existe un aumento en la conciencia sobre el impacto de nuestros hábitos alimenticios, tanto desde el punto de vista del agotamiento de los recursos como de las emisiones de GEI. Gran parte de la preocupación se centra en el ganado, ya que los animales criados para el consumo, y la tierra que se usa para cultivar sus alimentos, en conjunto requieren un estimado de 32.1 millones de km² de tierra, casi el tamaño de África (informe de Credit Suisse de 2019, "Alternative Proteins: Exploring the Asian appetite and conservation potential”). Producir un kilo de carne de res genera el equivalente de 46.2 kg de emisiones de CO2, en comparación con los 5.4 kg de CO2 que genera producir un kilo de pollo, por lo que ciertos alimentos están bajo mayor escrutinio que otros (Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación).

Comparación de emisiones

Equivalentes de CO2 por kg de carne

Equivalentes de CO2 por kg de carne

Fuente: Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación (Food and Agriculture Organization of the United Nations, FAO)

Para reflexionar

Dado que los millennials se preocupan por la salud y por los problemas ambientales, adaptan sus hábitos alimenticios en favor de alimentos más nutritivos y sostenibles, como las opciones basadas en plantas y proteínas alternativas. De hecho, la "dieta de salud planetaria" propuesta en el informe EAT-Lancet de 2019, con el objetivo de mejorar la salud del ser humano y garantizar la producción de alimentos sostenibles para el medio ambiente, recomienda que no más del 6 % de la ingesta diaria de proteínas provenga de fuentes de origen animal. Como dice el informe: "La comida es la palanca más fuerte para optimizar la salud del ser humano y la sostenibilidad ambiental en la Tierra".

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