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Viento de popa en Escandinavia

Las inversiones en infraestructuras energéticas ofrecen flujos de efectivo estables a largo plazo y contribuyen a una transformación sostenible del sistema energético. Un buen ejemplo de ello son los parques eólicos con contratos de adquisición de larga duración. Los inversores institucionales pueden participar en esas instalaciones.

El sector energético está atravesando una transformación en todo el mundo. Diversos países renunciarán en el futuro a la producción de electricidad a partir del carbón o la energía nuclear. Este cambio de rumbo en la producción energética, sin embargo, implica enormes inversiones en la generación alternativa de electricidad y en las redes de transmisión y distribución muchas veces totalmente anticuadas. La Comisión Europea estima que las inversiones necesarias en Europa podrían superar el billón de euros de aquí a 2030. En Suiza, el suministro de energía hasta 2050 requerirá probablemente inversiones de entre 100–200 mil millones de francos suizos. El importe de inversión promedio anual asciende a entre 3–5 mil millones de francos suizos.

Los fondos de pensiones descubren la infraestructura como clase de activo

La instalación, el funcionamiento y la financiación de las instalaciones de infraestructura eran hasta ahora más bien un dominio de los organismos estatales.  Sin embargo, la elevada demanda de inversiones ha empezado a abrir la puerta a esta área a los inversores privados con un horizonte de inversión a largo plazo.

Las inversiones en infraestructuras pueden resultar atractivas para los fondos de pensiones, las compañías de seguros de vida y otros inversores institucionales que sufren en el actual entorno de tipos de interés bajos o negativos y buscan inversiones con flujos de efectivo estables a largo plazo.Mientras que el mercado de inversiones en infraestructuras privadas en Europa continental es aún relativamente joven, tiene una tradición más larga por ejemplo en el Reino Unido, Australia y Canadá, donde los fondos de pensiones ya destinan entre el 4 y el 11% de su asignación total a las inversiones en infraestructuras. Según las estimaciones de la OCDE, los fondos de pensiones invirtieron a finales de 2015 a nivel global un 2,9% de sus activos en esta clase de activos. El capital se invierte principalmente en instalaciones existentes en los sectores de transporte y energía.1

En Suiza también existe aún un gran potencial. En principio, los fondos de pensiones pueden destinar hasta un 15% de su volumen de inversión a los activos alternativos como las inversiones en infraestructura. La proporción efectiva de las inversiones alternativas, sin embargo, es solamente del 6%. Según el índice de fondos de pensiones de Credit Suisse, la mayoría de las carteras alternativas de los fondos de pensiones suizos consisten en fondos de inversión libre, de capital privado y de materias primas. Al respecto, cabe señalar que según las directrices de inversión, las inversiones en instalaciones de infraestructura figuran desde 2014 explícitamente como subcategoría. Debido al diferente perfil de riesgo, hay intentos a nivel político de clasificar las infraestructuras como una clase de activo independiente, al margen de las inversiones alternativas, y de atribuirle una cuota del 10% («Moción Weibel»).

Inversiones en parques eólicos

Las inversiones en infraestructura requieren amplios conocimientos especializados y buenos contactos con la industria para identificar las oportunidades de inversión adecuadas y poder evaluar de manera integral sus oportunidades y riesgos.

A título de ejemplo pueden citarse tres parques eólicos en Noruega, uno en Suecia y otro en Finlandia. Tres de ellos ya están en funcionamiento. En Noruega se está realizando una construcción en Sorfjord, y el proyecto Kalax en Finlandia también está listo para iniciar su construcción. Las obras se llevan a cabo por contratistas generales, con los que se han acordado precios fijos llave en mano para las instalaciones. Una vez que estén en funcionamiento todos los parques eólicos, se dispondrá de 94 turbinas con una capacidad de alrededor de 345 MW, lo que corresponde al suministro medio para unos 190 000 hogares.

Los parques eólicos venden la electricidad a precios de mercado y tienen una estructura de gastos claramente definida. Los gastos de explotación son fáciles de planificar, debido a que se han firmado contratos de mantenimiento a largo plazo en condiciones fijas y con disponibilidad garantizada. El riesgo de fluctuaciones en el precio de la electricidad se ha reducido al mínimo gracias a los contratos de adquisición de electricidad (PPA, por sus siglas en inglés) de larga duración cerrados con compradores locales. De este modo se han podido fijar precios de venta atractivos por varios años para alrededor del 70% de la electricidad generada.

El ejemplo de los parques eólicos escandinavos muestra cómo los inversores institucionales pueden contribuir a reformar el sistema energético. Esa transformación, sin embargo, solo es posible si la estructuración geográfica, técnica, contractual y financiera de los proyectos permite generar durante muchos años ingresos estables a los inversores de capital y deuda y, al mismo tiempo, cumplir con todos los criterios ESG (ambientales, sociales y de buen gobierno) relevantes.

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